“DIVOS” Y “BIZARROS GOURMET”

 ¿POR QUÉ INCLUIR UN HIPOPÓTAMO “PRECOLOMBINO”?

“Bizarros gourmet” (1993),  un hipopótamo en cerámica que imita un odre prehispánico es un símbolo inaugural del “mestizaje imposible” en la obra de Ospina. Marca el inicio de su crítica al sistema del arte, donde lo “auténtico” y lo “falso” se negocian. Es el momento en que el artista empieza a tomar juguetes, dibujos animados y animales exóticos para re fabricarlos con la técnica y la pátina del arte precolombino. Esto, sin olvidar que, para duplicar la paradoja, el artista delega la manufactura a ceramistas y artesanos, copistas y continuadores de tradiciones alfareras, por así decirlo, declarando el oficio parte del truco.

El hipopótamo fue uno de los animales que Ospina introdujo dentro del canon visual colombiano, un ícono que ya es casi un lugar común en el arte local de la última década, en su caso como si fuera parte de una civilización originaria, realizando una operación paródica: traer al animal africano y darle un acabado propio, un supuesto pasado mítico, criticando el endeble sistema de legitimación de lo “auténtico” en el arte colombiano. Hoy, treinta años después, este “caballo de rio”, realidad migrante de la globalización, es como sabemos, emblema de la mezcla perversa entre poder, espectáculo y paisaje, metáfora viva de una historia que se niega a extinguirse. Al incluir a este “bizarro gourmet” en la Casa Lleras, se devuelve al gesto irónico su peso histórico, ecológico y político. Es decir que, para desenmascarar los relatos del poder, basta con disfrazar un hipopótamo de reliquia sagrada.  

“Divos” por su parte, utiliza la imagen de dinosaurios como una creación ficticia arqueológica, donde estas criaturas prehistóricas aparecen como piezas de cerámica ancestral. Estas “falsificaciones precolombinas” juegan con la idea de un pasado ficticio y alternativo, fusionando la prehistoria con la tradición cerámica ancestral. En este caso, los animales extintos hace millones de años, se convierten en íconos híbridos que discurren entre la ciencia ficción, la mitología, la especulación, las conspiraciones y la crítica social. En el año de su realización (1994), la popularidad de los dinosaurios estaba en auge, impulsada por fenómeno cultural que fue película Parque Jurásico, -una vez más en cartelera en el 2025, como Jurassic world: Re birth-,  que transformó la percepción pública de estos seres prehistóricos, desde su lejano lugar de monstruos fantásticos, para ser vistos hoy como figuras manipulables genéticamente, renacidas, casi “reales”, y como demuestra la sexta versión del saga, parte infaltable del imaginario popular global.

En resumen, al representar criaturas extintas hace millones de años como si fueran cerámicas ancestrales, el artista nos invita a pensar en cómo la historia, el arte y la identidad son relatos moldeados por la diversidad de fuerzas que componen la cultura. Los “Divos” son criaturas críticas, restos fósiles de una cultura saturada de imagen y espectáculo.